Los fundadores

Bonifacia Rodríguez de Castro nació el 6 de junio de 1837 en Salamanca en el seno de una familia trabajadora. Su padre, que era sastre, falleció cuando ella tenía 15 años, lo que la obligó a trabajar como cordonera para ayudar a la precaria economía familiar. En medio de la pobreza y las duras jornadas de trabajo montó un taller de cordonería y pasamanería.

Su testimonio de vida no pasó desapercibido y una veintena de muchachas salmantinas se unieron a ella, adquiriendo el taller una clara dimensión apostólica y social de prevención de la mujer. Así nació la Asociación de la Inmaculada y San José.

En 1874, junto al jesuita catalán Javier Butinyá, fundó la congregación de las Siervas de San José, con el objetivo de ayudar a la mujer trabajadora. La madre Bonifacia recrea en las casas de la congregación el Taller de Nazaret, en el que se ofrecía trabajo a las pobres que carecían de el, evitando así los peligros que en aquella época suponía para ellas el salir a trabajar fuera de casa.

 

El taller era el lugar privilegiado de encuentro entre las acogidas y las Siervas de San José. Allí, entre todas y según las fuerzas y posibilidades de cada una, ganaban el sustento diario, hermanando oración y trabajo al estilo de Nazaret. Los domingos solían reunirse en la casa otras empleadas de hogar que buscaban espacios alternativos para el  tiempo de ocio. Ella educa, acompaña y configura su comunidad desde lo que ella es, una mujer entera, sensible al mundo que la rodea, curtida por las dificultades, pero cimentada en una honda experiencia de Dios y de confianza en Él. 



El 8 de agosto de 1.905 muere Bonifacia en Zamora. Murió como había vivido, con sencillez, teniendo a su lado a las mujeres que junto a ella hicieron posible la profecía de Nazaret.